LA GRAN GUERRA CIVIL EUROPEA

Guerra de los 30 años: Los errores de los Austrias

Al estudiar la Guerra de Los Treinta Años es común sacar una rápida conclusión haciendo referencia a que se trata de un conflicto que provoca la decadencia de España y una ruina total que le obligará a perder su hegemonía en Europa. No obstante, aunque esto sea cierto, hay que matizar algunos aspectos si observamos la estrategia que se llevó a cabo entre la corte madrileña y la vienesa.

La Guerra de los 30 años

 

 

Autor: Diego Cortecero

Para empezar habría que señalar que La Guerra de los Treinta Años ha sido considerada por muchos historiadores como la “Primera Guerra Mundial” debido a que tuvo repercusiones a nivel global, como casi todo el mundo sabe, pero también a nivel militar. Y es que no puede olvidarse los constantes ataques que realizaron los barcos ingleses y franceses a los territorios del Caribe controlados por la monarquía española.

Vayamos poniéndonos en situación. La Guerra de los 30 años se inicia en el Sacro Imperio Romano Germánico, que estaba controlado por el emperador Fernando II y a partir de su muerte, en 1637, gobernará su hijo, Fernando III. Estos dos gobernantes estuvieron muy unidos, no sólo por la diplomacia sino también por lazos matrimoniales, con la monarquía española.

Fernando II se mostró desde el principio en contra de los protestantes y llevó a rajatabla la contrarreforma. Ello se tradujo en que, por ejemplo, en el año 1595 expulsase a todos los nobles protestantes de sus territorios. También se mostró a favor de Felipe III de España cuando decidió otorgarle los territorios de Alsacia que eran puntos estratégicos para fortalecer el Camino Español. Lamentablemente Alsacia no pudo ser gobernada por los reyes españoles ya que al inicio de la guerra fue invadida por los franceses. Además, Felipe III se posicionó del lado de Fernando II en la Guerra de Gradisca, conflicto que enfrentaba a la familia austriaca contra los venecianos, y que tuvo fin con la Paz de Madrid en 1617.

Con todas estas alianzas, lazos familiares y demás parafernalia, la monarquía española contaba con una serie de aliados en Centroeuropa muy importante que provocarían, antes o después, que Felipe III alcanzase la hegemonía en la política europea (Pax Hispánica).

Pero la historia no acaba aquí, para desgracia de los Habsburgo. Pues en 1618 se producen las famosas defenestraciones de Praga. Los representantes de los estados de la Bohemia arrojaron a tres funcionarios imperiales de Fernando II por las ventanas del castillo de Praga. Esto provocó que los nobles de Bohemia se alzasen en armas e intentasen conquistar Viena, dando inicio a los principales problemas de Fernando II, que además fue destronado como rey de Bohemia, y en su lugar colocan a Federico V. Normalmente esta rebelión se ha interpretado más como un conflicto entre distintas clases nobiliarias más que un problema religioso. Véase que poco tiempo atrás había expulsado de sus territorios a los protestantes y no podían participar en la política, que era cada vez más absolutista.

Guerra 30 años
Mapa al final de Guerra de los 30 años

No obstante, este primer lío se solucionará de forma más o menos sencilla. Pues Felipe III mandó sus tropas de españoles a sofocar esta rebelión. La intervención fue rápida gracias a que los ejércitos de España estaban aún en Gradisca, ya que habían ido a luchar contra los venecianos, como he explicado antes.

A partir de ese momento y con la esperanza de fortalecer la monarquía de Fernando II, los monarcas españoles, primero Felipe III y después Felipe IV, enviarán enormes cantidades de oro, pagarán soldados, prestarán a sus ejércitos… para defender a la monarquía de los Austrias de Viena. Felipe III no sólo apoya a Fernando II por sus lazos familiares, sino que también está deseoso de iniciar una guerra contra los Paises Bajos, que tanto daño se dedicaban a hacerle a nuestros barcos constantemente. La estrategia era clara: Si España ayudaba al Sacro Imperio, después los alemanes ayudarían a España en su posterior guerra contra los Paises Bajos.

Fernando II dio permiso a Felipe III para conquistar el Bajo Palatinado, gobernando desde hacía poco tiempo por Federico V. El objetivo de los Austrias se cumplió, y las tropas españolas, dirigidas por Don Ambrosio Spínola, consiguen conquistar el territorio. Hay que añadir que poco tiempo antes el gobernante español en Milán aprovecha esta situación de caos para ocupar la Valtelina, lo cual provocó la absoluta consolidación del Camino Español. Todo se ponía a favor del bando católico.

Tras estas primeras victorias, Fernando II, confiado, manda ejecutar a todos los nobles que se habían rebelado. Y entregará sus tierras a los nobles que le habían apoyado. Tras esto, Bohemia se convirtió en una monarquía hereditaria controlada por los Austrias, y no electiva, como había sido hasta el momento.

Sin embargo algunos generales de Federico V consiguieron escapar y llevaron la guerra al norte del Sacro Imperio. Allí recibirán apoyo del rey de Dinamarca, que aspiraba a convertirse en protector de los protestantes. Pero las tropas católicas del varón de Tilly consiguieron nuevas victorias sobre los protestantes, esta vez daneses, y Wallenstein con su ejército consigue adentrarse hasta la península de Jutlandia.

Y ahora es cuando empiezan los errores de Fernando II. En 1628, tras re-catolizar los territorios conseguidos, buscó hacer lo mismo con el resto del Sacro Imperio, publicando el Edicto de Restitución en 1629, que provocó la aparición de la resistencia protestante en todo el Imperio. Este edicto defendía que todos los territorios debían ser entregados a los católicos.

Fernando II de AustriaFernando II de Austria

El siguiente error fue la destitución de Wallenstein, general de más éxito, en 1630, que era justamente cuando Gustavo II Adolfo, rey de Suecia, cruza el Báltico y conquista la Pomerania. Él se excusó diciendo que lo hacía para defender a los protestantes, pero el motivo verdadero era conseguir aumentar su poder en la zona del Báltico.

A estos primeros fallos hay que añadir que el rey de Francia muestra desde 1621 su apoyo a los neerlandeses en su guerra contra el rey de España, ya Felipe IV, otorgándoles exageradas cantidades de dinero. Algo que ahora hará también con Suecia.

Esta intervención sueca provocará que los católicos se vean obligados a adoptar una estrategia más defensiva.

Visto hasta aquí el panorama hay que añadir otro problema. En 1635, los franceses, cuyo rey es el cándido Luis XIII, deciden entrar en la guerra. Su principal dirigente político fue Richelieu, que tras consolidar la monarquía francesa, buscaba romper el cerco al que estaba sometido su reino por la Casa de Austria. Realmente lo que llevó a cabo fue una política anti-española, actuando contra Felipe IV como principal enemigo y rival.

Será en el año 1637, a la muerte de Fernando II, cuando la guerra se extienda, ya no sólo por todos los territorios del Sacro Imperio, sino por toda Europa (España, Italia, el Báltico…). De hecho los holandeses llegan a a atacar territorios de ultra mar pertenecientes a la corona portuguesa en Brasil, y también en Asia. Esto deja bien claro que se trató de una guerra en la que no había solamente motivos religiosos, sino también comerciales.

Realmente Francia le declaró la guerra a España en un momento muy difícil para nosotros. La plata americana llegaba cada vez en menor medida y además los barcos neerlandeses saqueaban nuestra flota cada dos por tres. Y la guerra contra los Paises Bajos suponía unos elevados costes. Fue por ello por lo que el valido de Felipe IV de España, el conde-duque de Olivares, decidió que los reinos de Portugal y Aragón aportasen también ayudas para la monarquía hispánica (véase que hasta ahora todos los costes bélicos eran costeados por Castilla únicamente). Esto acabó provocando las rebeliones de Cataluña y Portugal. Este último declaro su independencia en 1640, mientras que Cataluña, que había pedido protección a Francia, y se dio una reconquista del territorio catalán más dura de lo esperado, que se prolongó hasta 1652. Andaluces, napolitanos, sicilianos, navarros y aragoneses también protagonizaron revueltas menores.

Fernando III de AustriaFernando III de Habsburgo

Mientras tanto comenzó el reinado del emperador Fernando III en el Sacro Imperio. Él se dio cuenta de que la guerra debía finalizar con negociaciones con el enemigo. También en gran medida a que el sacro Imperio era un territorio devastado por las guerras y arruinado. De hecho había poblaciones que perdieron hasta el 90% de sus hombres debido a guerras, hambrunas y enfermedades. 

En el año 1641 ya había empezado a negociarse una paz en Westfalia, pero la guerra no había terminado. Lo que si es cierto era que ya no importaba el ámbito religioso en el conflicto, de hecho la Francia católica se alió con la Suecia protestante. Y la Baviera católica, principal apoyo del Sacro Imperio, se posicionaba neutral.

Finalmente Fernando III perdió todos los territorios de Alsacia, que iban a ser entregados a Felipe IV de España, y los conquistó el rey de Francia. Por lo que España pierde la guerra poco antes de firmarse la Paz de Westfalia.

No obstante la guerra contra Francia se prolongó hasta 1659, en la que los Habsburgo de Austria no prestaron su ayuda a los españoles debido a las condiciones de paz de Westfalia.

La conclusión que podemos sacar de todos esto es que no se elaboró una óptima estrategia por parte de la casa de Austria. Y lo conseguido se tradujo en unos primeros éxitos al inicio del conflicto. La cooperación que se creó en un primer momento solamente resultó beneficiosa para Fernando II, mientras que los reyes españoles Felipe III y IV tuvieron que hacer frente a terribles costes, llegando a poner en peligro la estabilidad de la monarquía española que tanto habían consolidado los Austrias Mayores.

Los españoles apoyaron al sacro Imperio en su lucha para más tarde obtener su ayuda en la guerra contra los Países Bajos. Pero no sirvió de nada, pues no recibieron ningún tipo de ayuda y simplemente quedaron arruinados.

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